A pesar de que en la lengua española usamos muchos más diminutivos que aumentativos, estos últimos también tienen su espacio y responden quizá a una tendencia generalizada de los hispanohablantes por la exageración.
Según la RAE los aumentativos son “sufijos que aumentan la magnitud del significado del vocablo al que se une”.
Como bien se explica en la Wikipedia, el aumentativo “es la denominación que reciben los afijos que matizan el significado de una palabra de manera que designa un objeto de mayor tamaño o de mayor importancia.”
En nuestra lengua los aumentativos se forman agregando un sufijo al final de cada palabra (al igual que sucede con los diminutivos).
Normalmente se añaden al sustantivo (jarra – jarrón) y más raramente se utilizan en un adjetivo (guapo – guapetón).
El significado añadido que aporta el sufijo aumentativo no siempre tiene que ver con un aumento de tamaño del objeto, y a veces representa un nuevo concepto. Así, un “sillón” no es exactamente una silla grande. “Cabezón” y “cabezota” pueden ambas referirse a una cabeza grande o a una persona obstinada, pero probablemente prefiramos “cabezón” para describir el tamaño y “cabezota” para referirnos a un rasgo del carácter. “Colchón” no tiene mucho que ver con “colcha”. “Culebrón” tampoco tiene mucho que ver con “culebra”. Un “ratón” no es una rata grande, sino más bien todo lo contrario.
Existen diferentes tipos de sufijos con los que se forman los aumentativos:
- el sufijo –ón es el más reconocido y utilizado entre los hablantes. En ocasiones simplemente se pretende reflejar el mayor tamaño de un objeto o su mayor importancia (viento – ventarrón, película – peliculón). Sin embargo, en ocasiones nos enfrentamos ante un sufijo que en ocasiones tiene connotaciones peyorativas (barrigón, narigón…)
- -ote: es otro de los sufijos que forman los aumentativos. También su uso es muy habitual (macho – machote)
- –azo, -aza, -tazo, -taza: se hace uso de forma habitual en muchos sustantivos para marcar su dimensión o importancia. Existen diversos ejemplos como por ejemplo: golpe-golpazo; barca – barcaza; harto – hartazo…
En muchas ocasiones su connotación es peyorativa (y su empleo se mantiene siempre en plural), por ejemplo: calzonazos (hombre demasiado condescendiente), manazas (persona muy torpe)…
Estos sufijos se usan muy frecuentemente para referirse a golpes producidos por los objetos en cuestión, así “escobazo”, “taconazo”, “manotazo”, “puñetazo”, “guantazo”, “navajazo”…son golpes dados por escobas, tacones, manos, puños, guantes, navajas…
Existen otros sufijos cuya utilización es menos habitual, como por ejemplo “-acho”/”– acha” (ricacho); “-rron”/ “–rrona” (nubarrón); “-icón”/”– icona” (bobalicón); “-etón”/”–etona” (guapetón); “-ton”/”– tona” (bigotón) (Wikipedia)
Muchos de ellos se usan en sentido peyorativo o despectivo, como: “solterona”, “padrastro”, “latinajo”, “gentuza”, “animalejo”, “casuca”, “larguirucho”, “bicharraco”…
Según la RAE los diminutivos son “sufijos que denotan disminución de tamaño en el objeto designado (piedrecilla) o que lo presenta con intención emotiva o apelativa (¡Vaya nochecita!)”.
Aunque su uso se asocia sobre todo al mundo infantil, éste se hace extensivo al habla del sexo femenino y también es utilizado por los varones, quizá no tanto entre ellos, pero sí cuando se comunican con niños o mujeres.
Por lo general, como describe la RAE, la derivación de palabras mediante diminutivos añade información referente bien al reducido tamaño del concepto en cuestión (pan – panecillo; cuchara – cucharilla…) o bien no tiene que ver con sus dimensiones físicas y su uso obedece a motivaciones afectivas. Tal es el caso de:
- chiquirritín (tweeny-weeny)
- pobrete (poor devil)
- fresquito (nice and cool)
- viejecito (a dear old man)
- sentadito (delicately seated)
En algunos casos, sin embargo, el uso de determinados diminutivos sirve para referirse a nuevos conceptos, como se observa en los siguientes ejemplos.
- silla - sillín
- bolsa/bolso - bolsillo
- paso - pasillo
- lentes - lentillas
- espina -espinilla
En el idioma español son numerosos los diminutivos y consisten en agregar un sufijo al final de las palabras: el uso de éstos varía según la palabra, la zona dialectal y el país. Normalmente se añaden a un sustantivo, pero también a un adjetivo (pequeñín) y más raramente a un adverbio (ahorita).
Los sufijos derivativos más habituales en español son:
- -ito, -ita (y sus variantes –cito, - ecito, -ecita).
- -ico, -ica
- -illo, -illa
- -ete, -eta
- - in, -ina
- -uco, -uca
1) –ito, -ita: es el sufijo más común entre los hispanohablantes. Ejemplos: pequeñito, pequeñita.Este sufijo tiene algunas variantes, como -cito (“jardincito” en lugar de “jardinito”), –ecito, -ecita (“lucecita” en vez de “lucita”).
2) – ico, -ica: se trata de un sufijo muy común en las zonas de Andalucía Oriental, La Mancha, Aragón, Navarra, Murcia y Comunidad Valenciana occidental. Algunos ejemplos: "perro" – "perrico", "rato" - "ratico".
3) –illo, -illa: Su uso es muy común en Andalucía y no suele tener connotaciones enfático-afectivas, a diferencia de los sufijos –ito, -ico.
4) –ete,-eta: Se utiliza mucho en Asturias, Extremadura, Castillla León, Andalucía y en La Mancha: “amigo” – “amiguete”.
5) –in, -ina: Su empleo es muy común sobre todo en Asturias, Extremadura, Castilla y León y Andalucía Occidental: “pelo” – “pelín”. A veces este diminutivo se añade a otros diminutivos, como “poco” – “poquito” – “poquitín”…
6) –uco, -uca. Es en Cantabria donde más se utiliza: “playa” – “playuca”, “casa” – “casuca”.